Historias, protagonistas, superación, ejemplo

Ousman Umar: un viaje para que otros no tengan que partir

El fundador de NASCO Feeding Minds compartió su extraordinaria historia de vida en las III Jornadas de Cooperación al Desarrollo de Alcobendas. Un testimonio sobre migración, educación y oportunidades que este año también ha llegado a la gran pantalla con Viaje al país de los blancos, la película inspirada en su propia historia.

Hay historias que se pueden leer. Historias que pueden verse en una pantalla. Y hay otras que adquieren una dimensión completamente diferente cuando quien las vivió está delante de nosotros y es capaz de mirar al público y regresar, palabra a palabra, a algunos de los momentos más difíciles de su vida. Eso ocurrió en Alcobendas con Ousman Umar.

El fundador de NASCO Feeding Minds fue uno de los grandes protagonistas de la III Jornada de Cooperación al Desarrollo “Aprendiendo Juntos”, celebrada el pasado 16 de septiembre en Alcobendas. Un encuentro concebido para acercar la cooperación, la solidaridad y la educación a los jóvenes y para mostrar proyectos capaces de transformar vidas. La participación de Umar permitió, además, poner rostro y voz a una realidad que con demasiada frecuencia conocemos únicamente a través de cifras.

Porque escuchar a Ousman es entender que detrás de la palabra “migración” existen nombres, familias, decisiones, miedo, esperanza y, en demasiadas ocasiones, pérdidas.

El niño que quiso conocer “el país de los blancos”

La historia comienza en Ghana. Ousman Umar nació en Techiman en 1988 y siendo todavía un niño emprendió un viaje hacia Europa que terminaría marcando toda su existencia. Cruzó el Sáhara, atravesó diferentes países africanos y acabó cruzando el mar en patera hasta llegar a España. Durante aquel camino vio morir a muchos de quienes habían iniciado la travesía junto a él.

Todo había comenzado con algo tan sencillo como la curiosidad. De niño vio un avión y quiso saber de dónde venía. Europa se convirtió en su imaginación en ese lejano “país de los blancos”, un lugar del que apenas tenía información pero al que asociaba con las oportunidades y el futuro. Aquella falta de conocimiento sobre lo que realmente había al otro lado acabaría teniendo consecuencias inimaginables.

Su viaje se prolongó durante años. El desierto, el hambre, la violencia, los traficantes y la muerte formaron parte de un recorrido que ningún niño debería experimentar. En una entrevista concedida con motivo del estreno de su película, Umar explicaba que la curiosidad y, sobre todo, la falta de información fueron determinantes para que emprendiera aquel camino.

Finalmente llegó a España y después a Barcelona. Pero alcanzar Europa no significó encontrar inmediatamente aquel futuro que había imaginado desde Ghana. Durante un tiempo vivió en la calle hasta que apareció una de esas personas capaces de cambiar el rumbo de una vida: Montse, la mujer que terminó acogiéndolo en su familia.

Comenzaba entonces otro viaje. Menos visible, pero igualmente decisivo. Ousman empezó a estudiar, aprendió español, catalán e inglés y continuó formándose hasta graduarse en Relaciones Públicas, Marketing y Administración de Empresas, y cursar un máster en Cooperación Internacional en ESADE. Años después, todo aquel conocimiento serviría para regresar simbólicamente al lugar del que había partido y plantearse una pregunta fundamental: ¿qué podía hacer para que otros niños no tuvieran que recorrer su mismo camino?

Alimentar mentes para crear oportunidades

La respuesta tomó forma en NASCO Feeding Minds, la organización que fundó en 2012. Su planteamiento parte de una idea aparentemente sencilla: ofrecer oportunidades allí donde las personas viven para que emigrar no sea la única alternativa imaginable. En lugar de limitar la cooperación a cubrir necesidades inmediatas, el proyecto apuesta por la educación y la tecnología como herramientas para construir futuro.

NASCO desarrolla proyectos educativos y aulas informáticas en zonas rurales de Ghana, facilitando a niños y jóvenes el acceso a conocimientos y competencias digitales. La filosofía que hay detrás conecta directamente con la propia experiencia de Ousman: si aquel niño que miró un avión desde Ghana hubiera tenido acceso a información sobre Europa, sobre las distancias y sobre los peligros del viaje, quizá su historia habría sido diferente.

Su trabajo recibió en 2021 el Premio Princesa de Girona Social, cuyo jurado destacó precisamente su capacidad para unir educación, tecnología y alianzas en la búsqueda de soluciones relacionadas con el fenómeno migratorio.

Por eso su presencia en las Jornadas de Cooperación de Alcobendas tenía un significado especial. Frente a un auditorio formado en buena medida por jóvenes, Ousman no hablaba únicamente de cooperación internacional. Hablaba de posibilidades. De la enorme diferencia que puede existir entre tener acceso a la educación y no tenerlo.

Y nosotros tuvimos el privilegio de escucharlo en primera persona. De comprobar que detrás del escritor, del conferenciante, del emprendedor social o del premiado existe, ante todo, alguien que ha decidido transformar una experiencia extraordinariamente dura en una herramienta para los demás.

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De la vida al libro y del libro al cine

La historia de Ousman llevaba años llegando a miles de personas a través de sus conferencias y, desde 2019, también gracias a su libro Viaje al país de los blancos. En 2026 ha dado un paso más: ha llegado al cine.

Dirigida por Dani Sancho, con guion de Guillem Clua, Viaje al país de los blancos traslada a la gran pantalla el recorrido vital de Umar. La película cuenta con Emma Vilarasau en el papel de Montse, y con Victor Sey y Benjamin Kakraba interpretando a Ousman en distintas etapas de su infancia y juventud. Hay, además, una particularidad especialmente emocionante: el propio Ousman se interpreta a sí mismo en su etapa adulta.

La cinta fue presentada en la Sección Oficial, fuera de concurso, del Festival de Málaga y también inauguró el BCN Film Fest antes de su estreno comercial en España el pasado 26 de junio.

Pero reducir la película a la reconstrucción de una travesía sería quedarse en la superficie. El director ha explicado que el verdadero corazón de la cinta no estaba únicamente en reproducir el viaje físico desde Ghana hasta Europa, sino en contar el viaje emocional de Ousman: sus recuerdos, sus heridas, sus amistades y la transformación personal que se produce después de llegar.

Ahí reside probablemente una de las claves de Viaje al país de los blancos. El destino no es el final de la historia. Llegar a Europa no resuelve mágicamente todos los problemas. Después comienza el desafío de encontrar un lugar, reconstruirse y convertir lo vivido en algo que permita seguir adelante.

Cuando el protagonista está delante de ti

Quienes asistimos a las jornadas de Alcobendas tuvimos la oportunidad de acercarnos a esa historia desde un lugar todavía más especial.

Porque después de conocerla a través de un libro o verla convertida en una película, escucharla directamente de boca de su protagonista cambia inevitablemente la perspectiva.

Ousman no representa una estadística. Su historia tiene lugares, personas, decisiones y ausencias. Tiene un antes y un después. Y quizá por eso su testimonio consigue algo especialmente valioso: obligarnos a mirar más allá de las etiquetas con las que habitualmente simplificamos fenómenos tan complejos como la migración.

Pero su mensaje tampoco se detiene en el pasado. Ousman Umar no cuenta lo que sufrió únicamente para explicar quién es. Lo cuenta porque ha convertido ese pasado en un propósito. Su objetivo es trabajar para que otros jóvenes puedan encontrar oportunidades sin necesidad de emprender el camino que él recorrió.

Y ahí educación y cooperación dejan de ser conceptos abstractos. Se convierten en un ordenador dentro de una escuela rural. En un joven que descubre una profesión. En alguien que accede a información que antes no tenía. En la posibilidad de elegir quedarse porque existe un futuro que construir.

Quizá esa sea una de las reflexiones más poderosas que dejó su paso por Alcobendas: la verdadera oportunidad no consiste en decirle a alguien dónde debe construir su futuro, sino en proporcionarle las herramientas necesarias para que pueda decidirlo.

La vida de Ousman Umar comenzó siendo la historia de un niño que quería descubrir qué había al otro lado. Hoy, es también la historia de un hombre que trabaja para que otros niños puedan conocer el mundo sin tener que arriesgar la vida para descubrirlo.