Arquitectura, diseño, espacios, interiorismo

Lourdes Treviño, la fundadora de Freehand Arquitectura transforma casas en auténticos espacios de bienestar

Fundadora de Freehand Arquitectura y referente en el estándar Passivhaus, Lourdes Treviño concibe cada proyecto desde un enfoque holístico donde luz, sostenibilidad y bienestar dialogan en armonía. Bailarina de vocación, la arquitecta traslada el ritmo y la fluidez del movimiento a la creación de espacios, transformando la arquitectura técnica en hogares cálidos, saludables y hechos para ser vividos. En esta entrevista, nos desvela la visión de un estudio donde el diseño consciente y la elegancia se ponen al servicio de la vida cotidiana.

La Moraleja Magazine.- Como fundadora de Freehand, ¿cuánto de Lourdes hay en el estudio, cómo consigues que tu manera de entender la arquitectura se mantenga presente en cada proyecto?

Lourdes Treviño.- Hay mucho de mí, inevitablemente, porque Freehand nace de mi manera de entender la arquitectura y también la vida. Pero un estudio no puede ser el reflejo de una sola persona. Me gusta rodearme de profesionales que aporten criterio, sensibilidad y miradas distintas. Mi papel consiste en mantener el hilo conductor de cada proyecto, desde la primera conversación con el cliente hasta el último detalle de la obra. Estoy muy presente durante todo el proceso. Creo que la identidad de Freehand se conserva precisamente así, no imponiendo una estética, sino siendo fieles a una forma de trabajar.

LMM.- Transformáis espacios desde un planteamiento holístico. Acércanos un poco a la visión y los valores de Freehand Arquitectura.

LT.- Para nosotros, una casa no es una suma de habitaciones bonitas. Es un organismo en el que todo está relacionado: la orientación, la luz, la temperatura, el aire, los recorridos, los materiales, el paisaje y, por supuesto, las personas que van a vivir allí.

Antes de dibujar intentamos comprender cómo vive el cliente, qué necesita, qué le incomoda y qué desea, incluso cuando todavía no sabe expresarlo. A partir de ahí buscamos el equilibrio entre belleza, funcionalidad, salud, eficiencia energética y respeto por el entorno. Una vivienda puede ser espectacular en una fotografía y estar mal resuelta para la vida cotidiana. Nosotros queremos que sea bonita, pero también que se viva bien dentro de ella.

LMM.- Para Lourdes Treviño, ¿qué no puede faltar en uno de sus espacios?

LT.- Luz natural, proporción y una buena circulación. Necesito que el espacio tenga ritmo, que uno pueda recorrerlo de manera natural y que cada estancia dialogue con la siguiente. También es fundamental la conexión con el exterior, aunque sea a través de una ventana bien situada, una terraza o una vista enmarcada.

Y no puede faltar calidez. No me interesan esos espacios impecables que parecen pedir permiso para sentarse. Una casa debe ser bella, pero también acogedora, vivida y capaz de adaptarse a quienes la habitan.

LMM.- Sois de los pocos estudios que cuentan con la acreditación europea Passive House Designer. ¿Qué significa y qué cambia realmente a la hora de vivir en una casa diseñada bajo estos criterios?

LT.- Ser Passive House Designer supone tener la formación necesaria para proyectar edificios de consumo energético bajo y comprobar técnicamente que funcionan como se han diseñado. No consiste en añadir tecnología a una casa ni en llenarla de máquinas. Al contrario, se trata de hacer bien la arquitectura desde el principio.

Trabajamos especialmente el aislamiento, la orientación, la calidad de las ventanas, la ausencia de puentes térmicos, la hermeticidad y la ventilación mecánica con recuperación de calor. Todo se calcula y después se comprueba durante la ejecución, porque un buen proyecto mal construido deja de ser un buen proyecto.

Para quien vive allí, la diferencia se traduce en una temperatura muy estable durante todo el año, ausencia de corrientes y paredes frías, aire continuamente renovado, mayor confort acústico y un consumo energético muy reducido. Es una casa mucho más confortable y saludable. Lo mejor es que la técnica no se ve, pero se siente todos los días.

LMM.- En tu primera vida fuiste bailarina y ahora unes esas dos grandes pasiones, arquitectura y danza, en Houses can dance, el libro que convierte cada casa en una coreografía. Háblanos de esta bonita simbiosis.

LT.- Nunca he sentido que la danza y la arquitectura fueran mundos separados. La danza me enseñó a entender el espacio desde el cuerpo, a percibir el equilibrio, el ritmo, la tensión, las pausas y el movimiento. Todo eso está también en la arquitectura.

En Houses can dance planteo que una casa puede leerse como una coreografía. Hay espacios que invitan a avanzar, otros a detenerse, algunos se abren y otros nos protegen. Una puerta, una escalera o un cambio de luz pueden modificar por completo nuestra manera de movernos y de sentir.

La arquitectura no se contempla únicamente. Se recorre con el cuerpo y se vive a lo largo del tiempo. Para mí, diseñar una casa es imaginar esa secuencia de movimientos cotidianos y conseguir que fluya con naturalidad.

LMM.- ¿Has vivido algún momento mágico en alguno de tus proyectos que se te haya quedado grabado para siempre?

LT.- Hay un momento que siempre me emociona, y es cuando la obra deja de ser nuestra y empieza a pertenecer de verdad a quienes van a vivirla. Durante meses la hemos recorrido con planos, decisiones, problemas y soluciones en la cabeza. De pronto llega la familia, entra la luz como habíamos imaginado, los niños corren por la casa y cada espacio comienza a encontrar su vida.

Ese instante en el que alguien se mueve por primera vez dentro de un lugar que antes solo existía en tu cabeza tiene algo mágico. La arquitectura deja de ser arquitectura y se convierte en hogar. Para mí, ahí cobra sentido todo el trabajo.

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