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Fernando Pozuelo: el jardín como refugio emocional

En un momento en que la salud mental y el bienestar preventivo ocupan el centro de la conversación social, Fernando Pozuelo propone una mirada serena y profundamente humanista del paisaje. Desde su estudio, FERNANDO POZUELO Unique Landscapes, el jardín deja de ser un elemento ornamental para convertirse en una infraestructura viva de cuidado.

No hablamos de tendencia, sino de conciencia.

El paisajismo terapéutico —tal y como lo concibe Pozuelo— entiende el entorno natural como una extensión del alma de quien lo habita. Un espacio pensado para sostener procesos vitales complejos: el estrés, la rehabilitación, el duelo o, simplemente, la necesidad de reencontrarse con uno mismo.

“El jardín no cura en sentido clínico, pero cuida. Sostiene. Ofrece un lugar donde la persona puede escucharse desde la calma”, explica el paisajista.

Diseñar para sanar, diseñar para acompañar

En algunas residencias privadas, el estudio ha desarrollado proyectos donde el jardín se convierte en legado emocional. Uno de los más significativos fue el “Jardín Marinas”, concebido en Cantabria para acompañar a su propietaria en la etapa final de su vida. Lejos de la tristeza, el espacio fue ideado como un refugio de paz. Más tarde, se transformó en lugar de memoria para su familia.

Porque cuando el diseño nace del respeto al momento vital del otro, el paisaje se convierte en consuelo.

Estos jardines se estructuran desde una lógica distinta. Los recorridos son suaves, sin imposiciones. Las sombras protegen. Los materiales naturales envejecen con dignidad. Cada curva, cada piedra cálida, cada banco oculto en un rincón silencioso forma parte de una medicina cotidiana y discreta.

Nada invade. Todo invita.

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Un lenguaje sensorial que transforma

La selección vegetal responde tanto a criterios estéticos como terapéuticos. Lavanda, romero, salvia o menta estimulan el sistema nervioso a través del aroma. Caléndula, manzanilla o melisa permiten la recolección y la infusión, integrando el cuidado en la rutina diaria. Las flores blancas y malvas inducen serenidad; las hojas suaves invitan al tacto; las praderas despiertan una sensación de arraigo casi ancestral.

Aquí, el jardín se experimenta con todos los sentidos.

El sonido de la grava bajo los pasos. El murmullo del agua al caer. El viento moviendo las hojas. Incluso la luz cambiante a lo largo del día —esa coreografía invisible— actúa sobre el estado de ánimo y la percepción del tiempo.

Pero el verdadero valor terapéutico no reside solo en la contemplación. También en la acción.

Sembrar, podar, regar, recolectar. Trabajar con las manos lo que la mente no logra ordenar sola. Una meditación activa que devuelve ritmo al cuerpo y sentido a lo cotidiano.

Del hogar al hospital: una infraestructura de bienestar

El planteamiento de Pozuelo trasciende la vivienda privada. Hospitales, centros sanitarios, residencias o espacios educativos podrían integrar este enfoque como parte de su arquitectura emocional.

“El jardín no sustituye una terapia médica, pero es un aliado constante. No tiene efectos secundarios. Humaniza los espacios y las relaciones”.

Incluso contempla proyectos específicos para la etapa final de la vida. No como escenarios clínicos, sino como paisajes donde habitar la belleza con dignidad. Un paraíso posible, aquí y ahora.

Diseñar tiempo, aceptar la imperfección

Uno de los valores más sofisticados de esta corriente es su relación con el tiempo. Estos jardines no aspiran a la perfección estática. Evolucionan. Cambian. Envejecen con elegancia junto a quienes los habitan.

“La imperfección también forma parte de la sanación. Como el cuerpo, como la vida”.

Niños, adultos y mayores dialogan de forma distinta con el espacio. Para los más pequeños es juego y descubrimiento. Para los adultos, introspección o encuentro. Para las generaciones mayores, memoria y legado —como la huerta del abuelo, como el árbol plantado para permanecer.

Ese es, quizás, el verdadero lujo contemporáneo: un paisaje que no busca ser admirado desde fuera, sino vivido desde dentro.

Excelencia con sello propio

El prestigio internacional del estudio avala esta visión profundamente personal del paisajismo. Entre sus reconocimientos más recientes destacan:

  • Gold Winner en los Muse Design Awards (2024) y en los London Design Awards por el proyecto “Jardín Roma”.
  • Platinum Winner en Muse Design Awards (2023) por “El Jardín de las Alianzas”.
  • Best Design Spain Distinción Oro en los A' Design Award & Competition (2020) por el “Ryad Private Garden”.
  • Medalla de Oro de la Asociación Europea de Competitividad y Desarrollo (2017).

Con una filosofía de paisajismo humanista, el estudio sublima la personalización, otorgando la misma importancia al ser humano que al jardín. Cada proyecto es arte, sostenibilidad y legado. Un testigo vivo para las futuras generaciones.

En tiempos de ruido, el jardín terapéutico se revela como un acto de elegancia silenciosa. Un lujo esencial: el de sentirse cuidado por la naturaleza.