San Valentín: el arte de celebrar el amor alrededor de una mesa
En España, San Valentín ha sabido reinventarse con el paso del tiempo. De ser una fecha tímidamente adoptada a mediados del siglo XX, ha pasado a convertirse en una de las citas más señaladas del calendario sentimental. El 14 de febrero ya no es solo una jornada de flores y tarjetas: es, sobre todo, una experiencia compartida. Y en nuestro país, pocas experiencias resultan tan evocadoras como sentarse a la mesa.
Porque si algo define la tradición española es celebrar la vida —y el amor— alrededor de la gastronomía. Salir a cenar en pareja en San Valentín es casi un ritual contemporáneo: elegir con cuidado el restaurante, reservar con antelación, vestirse con un punto especial y dejar que la conversación fluya entre platos pensados para seducir. La restauración se convierte, así, en escenario y cómplice.
En este contexto, propuestas como la del restaurante ASTA encarnan a la perfección ese espíritu romántico que combina elegancia, producto y detalle. Para las noches del 13 y 14 de febrero, ASTA ha diseñado una experiencia gastronómica que huye de lo previsible y apuesta por la sofisticación sin artificios.
La velada comienza con una copa de tempranillo espumoso rosado, una bienvenida delicada y festiva que marca el tono de la noche. Le sigue una ostra templada con beurre blanc de cava y ralladura de lima, un bocado sutil que equilibra frescura y cremosidad, evocando ese juego de contrastes que también define a las grandes historias de amor.
El entrante, pensado para compartir —porque compartir es, en definitiva, el gesto más romántico—, propone una burrata cremosa con tomatitos confitados y pesto suave de albahaca. Texturas sedosas y matices mediterráneos que invitan a detener el tiempo y saborear cada instante.
En los principales, la elección añade un punto de personalidad a la cita. Por un lado, un tartar de atún sobre ajoblanco tailandés, una fusión elegante que combina tradición y exotismo. Por otro, canelones de carrillada al Pedro Ximénez, pura intensidad y profundidad de sabor. Dos caminos distintos para una misma intención: sorprender.
El cierre dulce llega también en clave compartida con un fondant de chocolate acompañado de helado de caramelo salado y un toque de frambuesa. Un postre que juega con temperaturas y contrastes, como una metáfora perfecta de la pasión y la ternura.
El menú —que incluye pan, bebida y café o infusión— se presenta a un precio de 45 euros por persona, IVA incluido. Una propuesta equilibrada que convierte la noche en una experiencia completa, donde cada detalle está pensado para crear recuerdo.
En tiempos en los que las prisas dominan el día a día, San Valentín nos recuerda la importancia de detenernos. De mirarnos. De brindar. De compartir un plato y una conversación sin distracciones. Y es precisamente en espacios como ASTA donde la tradición de salir a cenar en pareja cobra todo su sentido: un refugio gastronómico donde el amor se celebra con sabor, estilo y una cuidada puesta en escena.
Porque, al final, más allá de regalos o gestos grandilocuentes, lo que permanece es la experiencia. Y pocas experiencias son tan memorables como una noche diseñada para enamorar desde el primer brindis hasta el último café.


