29 años de Miguel Ángel Blanco: el legado del Espíritu de Ermua sigue vivo en Alcobendas
Hay fechas que permanecen grabadas en la memoria colectiva de un país. El asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de la banda terrorista ETA, tras 48 horas de secuestro que mantuvieron a España en vilo, es una de ellas. Hoy, cuando se cumplen 29 años de aquel crimen que cambió para siempre la historia reciente de nuestro país, Alcobendas ha vuelto a demostrar que la memoria no prescribe.
La Moraleja Magazine ha asistido esta tarde al emotivo homenaje celebrado en el Parque Víctimas del Terrorismo, un acto organizado por el Ayuntamiento de Alcobendas junto a la Fundación Miguel Ángel Blanco para recordar no solo a Miguel Ángel, sino a las 1.451 víctimas mortales del terrorismo de ETA y a todas las personas que sufrieron durante décadas la amenaza, la extorsión y el miedo.
Uno de los momentos más significativos ha sido la lectura del manifiesto por parte de Marimar Blanco Garrido, hermana de Miguel Ángel y presidenta de la Fundación que lleva su nombre. En un texto cargado de simbolismo, volvió a reivindicarse el Espíritu de Ermua, aquel movimiento cívico y espontáneo que nació en julio de 1997 cuando millones de españoles salieron a las calles con las manos blancas para decir basta al terrorismo.
Ese espíritu, recordó el manifiesto, representa la defensa de la libertad, la dignidad y la convivencia democrática. Un legado que, en palabras habituales de Marimar Blanco en cada aniversario, obliga a la sociedad a mantener viva la memoria de las víctimas, a transmitir a las nuevas generaciones lo que ocurrió y a impedir que el olvido abra la puerta a la manipulación o a la tergiversación de la historia. La Fundación insiste cada año en que conocer la verdad sobre el terrorismo es una responsabilidad democrática y una garantía para que nunca vuelva a repetirse.
Especialmente emotiva fue también la presencia de Teresa Jiménez-Becerril, hermana de Alberto Jiménez-Becerril y cuñada de Ascensión García Ortiz, ambos asesinados por ETA en Sevilla en 1998. Su testimonio volvió a recordar que detrás de cada víctima existen familias que conviven para siempre con la ausencia. En sus intervenciones públicas suele reivindicar que la memoria no debe utilizarse para alimentar el enfrentamiento, sino para preservar la verdad, la justicia, la dignidad de las víctimas y el valor de la libertad conquistada por la sociedad española frente al terrorismo. Un mensaje sereno pero firme que conecta con la necesidad de educar a los más jóvenes en el conocimiento de lo sucedido.



