Olga Arroyo Rodríguez: el arte japonés de sanar a través del shiatsu
En un momento vital en el que decidió replantearse su carrera como directiva en el sector inmobiliario, Olga Arroyo Rodríguez encontró en el shiatsu no solo una nueva profesión, sino una auténtica vocación.
Formada en la Escuela Japonesa de Shiatsu de Madrid con el maestro Onoda, discípulo directo del creador de esta terapia, Tokujiro Namikoshi, Olga ha hecho de esta disciplina de origen japonés su manera de acompañar a las personas hacia un mayor equilibrio físico y emocional.
Desde su consulta en Las Tablas —y también a domicilio—, Olga Arroyo Rodríguez trabaja el cuerpo como un todo: dolores cervicales y lumbares, insomnio, ansiedad o problemas digestivos encuentran en el shiatsu un abordaje integral que va más allá del síntoma.
La Moraleja Magazine.- ¿Cómo llegas al mundo del shiatsu y de las terapias de origen japonés? ¿Qué te atrapó de este camino?
Olga Arroyo Rodríguez.- Yo estudié Administración y Dirección de Empresas. Mi vida laboral ha estado casi siempre vinculada al sector inmobiliario, siendo directora financiera en la última empresa en la que trabajé. Adoraba mi trabajo, pero en los últimos años no me llenaba tanto e ir a trabajar ya no era tan gratificante, y me replanteé todo.
Por otro lado, siempre me gustó dar masajes en casa, a mis padres, a mí misma… Donde había dolor yo aplicaba presión; hacía shiatsu sin saberlo. Ayudar a los demás a sentirse mejor me empezó a llamar cada vez más la atención y busqué terapias que me gustasen.
Entonces el shiatsu se cruzó en mi camino y, sin pensarlo demasiado, me lancé a la formación de esta fantástica terapia japonesa, que me atrapó desde el primer momento.
LMM.- ¿Qué formación tienes en este sentido?
OAR.- Estudié tres años en la Escuela Japonesa de Shiatsu (EJS) de Madrid con el maestro Onoda, que es discípulo directo del creador de esta terapia, Tokujiro Namikoshi. Con esta formación se obtiene el título de Shiatsupractor, avalado por el Japan Shiatsu College de Japón.
También estudié Sotai Ho con mis maestros Hiroshi Miura y Hiromi Hatakeyama, un método de recuperación del correcto equilibrio estructural del cuerpo, alcanzando un estado óptimo de salud física y, por tanto, mental. Ambas terapias están muy vinculadas.
LMM.- El shiatsu no es tan conocido como otros masajes. ¿Qué lo hace tan especial?
OAR.- Su sencillez, eficacia y su carácter preventivo. Es una terapia integral, holística, que trata el cuerpo como un todo. Se trabajan temas físicos y también emocionales, que suelen desencadenar problemas físicos; pero, al final, si no vas al origen, solo pones un parche al problema.
Temas de insomnio, ansiedad o problemas digestivos… es increíble el alcance de esta terapia, que, como bien dices, no es muy conocida y espero que eso vaya cambiando.
LMM.- También trabajas el masaje facial japonés, una práctica que combina belleza y bienestar. ¿Qué beneficios tiene y por qué va mucho más allá de lo estético?
OAR.- El masaje facial japonés es conocido como el “masaje de la juventud”. Los antiguos samuráis lo practicaban para restablecer la libre circulación de su cuerpo, a través de técnicas de manipulación y de la energía, para recuperar y mantener el equilibrio físico y mental antes de cada pelea.
Con este masaje se mejora la hidratación, elasticidad y firmeza de la piel de la cara y el cuello. Previene y reduce las arrugas y la flacidez de la piel. Se trabaja en la musculatura profunda —lo que refuerza y tonifica los músculos—, mejora la circulación sanguínea y el flujo linfático, ayuda a eliminar toxinas, regenera tejidos, estimula la producción de colágeno y elastina, y acelera la renovación celular. En resumen, el rostro vuelve a tener vida.
LMM.- Muchas personas se acercan a terapias alternativas buscando aliviar estrés o bloqueos emocionales. ¿Qué es lo que más suelen necesitar las personas que llegan a ti?
OAR.- La mayoría de las personas llegan por recomendación de otras. Algunas vienen con un poco de “cuidado”, por así decirlo, ante lo desconocido; pero, curiosamente, esas mismas personas son de las que más buen feedback he recibido e incluso viene gente de su parte.
Vienen con todo tipo de dolencias, sobre todo dolor cervical y lumbar, contracturas, fascitis plantar, bruxismo, insomnio, malas digestiones o menstruaciones dolorosas… Pero es cierto que, desde hace unos años, viene mucha gente además de con dolores físicos, con problemas de ansiedad o estrés emocional, y es gratificante ver cómo se van después de cada sesión.
LMM.- A veces hay cierto desconocimiento o escepticismo hacia este tipo de terapias. ¿Qué le dirías a alguien que nunca ha probado el shiatsu pero siente curiosidad?
OAR.- La verdad es que no se puede convencer a la gente con palabras. Cuando veo que dudan, pero que están dispuestos a dar el paso, siempre les digo lo mismo: “Ven, pruébalo y luego hablamos”.
LMM.- ¿Qué pequeño gesto de autocuidado recomendarías incorporar en el día a día para reconectar con el cuerpo?
OAR.- Como hoy en día uno de los mayores males es el estrés, siempre recomiendo un automasaje de cuello y hombros, que ayuda a liberar la tensión física y mental acumulada diariamente, realizado con una respiración consciente.
Y un básico: presión detrás de las orejas, en la base del cráneo donde el cuello se encuentra con la cabeza, deslizando los pulgares desde este punto al centro del cuello y viceversa. Ayuda a descontracturar los músculos y aliviar dolores de cabeza.
LMM.- ¿Qué otras terapias realizas?
OAR.- También realizo terapia sacrocraneal, como terapia única o, a veces, como complemento al shiatsu, sobre todo cuando el problema es emocional. El comentario final suele ser: “Mi mente se ha calmado”.
Es una terapia nada invasiva, que busca equilibrar el sistema nervioso central, el cráneo y el sacro. Mediante manipulaciones suaves, libera restricciones en los tejidos conectivos, aliviando dolores, estrés y mejorando el flujo del líquido cefalorraquídeo para promover la autocuración del organismo.
Y como complemento al shiatsu, realizo acupuntura en espalda para descontracturar; ventosaterapia, moxibustión y vendas frías.
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